Por Martin Melendez   

Como medio de transporte, la bicicleta se ha convertido en una tradición en el departamento de Carazo, llegando a formar parte de la cultura local. Estudiantes, trabajadores, mujeres y personas de edad avanzada, se trasladan con este “amigo del medio ambiente”.

Hace 15 años, Grupo Sofonías introdujó bicicletas en Nicaragua en condición de “knocked down” desde la India, para ensamblarlas aquí; y desde 1998, a través de Pedales para el Progreso, una organización de los Estados Unidos que recoge bicicletas usadas y las manda a países del Sur.

En el “negocio” de vender bicicletas todos ganan: los pobladores tienen acceso a bicicletas de buena calidad y a buen precio, y Grupo Sofonías utiliza las ganancias para pequeños proyectos con grupos de mujeres dentro de sus programas de reforestación. También el gobierno recibe beneficios por medio de las tarifas de importación y la municipalidad por medio de los impuestos de venta.

El uso de la bicicleta en Jinotepe ha aumentado tremendamente, más allá de los trabajadores, hasta extenderse a toda la población. De manera especial, se han incrementado las bicicletas de carrera, montañeras y BMX.

Los clientes: estudiantes, trabajadores y mujeres

El programa beneficia principalmente a los sectores de bajos ingresos: los trabajadores —en Nicaragua profesores y enfermeras entran en está categoría—, estudiantes, amas de casa, así como niños y personas de edad avanzada. Los estudiantes y trabajadores son los clientes principales: 35% de estudiantes, y 30% de trabajadores rurales. Las mujeres compran alrededor del 25% de las bicicletas.

Muchos estudiantes se trasladan desde aldeas y suburbios de la capital de Jinotepe y pueden ahorrarse así los costos del transporte diario, los cuales se incrementan constantemente. Incluso, ahora que las montañeras y bicicletas de carrera están disponibles, algunos jóvenes se han involucrado en el ciclismo.

Entre las personas de campo, en muchos lugares las bicicletas están sustituyendo a los caballos. Esta permite moverse más rápidamente, en tanto ahorra tiempo y dinero, pues un caballo cuesta más y necesita comida. A los trabajadores de la agricultura les gustan las montañeras, que se comportan bien en los caminos rústicos.

Entre las clientas aparecen enfermeras, profesoras y amas de casa, quienes las utilizan para trasladarse a sus puestos de trabajo, o llevar a sus hijos a la escuela, mientras que para otras es una herramienta de apoyo en su labor como vendedoras ambulantes de comida, bebidas o dulces.

Los pequeños vendedores de los mercados municipales abarcan un 5% de la clientela de bicicletas, así como las personas en la tercera fase de vida, quienes las utilizan para actividades personales y algunos por recomendación de sus médicos.

Mercadeo e información

Se utilizan varias vías para divulgar la venta. Un anuncio continuo en Radio Jinotepe informa sobre la venta de ciclos usados. Cada dos meses un vehículo con parlante circula para informar al público en algunos pueblos cercanos. También en la entrada a estos pueblos se cuelgan mantas que anuncian el suceso. Además, Grupo Sofonías participó en la Feria de Industria y Comercio de Jinotepe con una venta y centro de información.

Otra forma es mediante contratos de consignación con varias personas que venden bicicletas en los mercados de Diriamba y Jinotepe.

Las alcaldías de Diriamba y Dolores permiten a sus empleados comprar bicicletas a crédito, y una vez al mes estas cancelan el pago. De la misma manera, existe un acuerdo con la Empresa de Agua y Alcantarillado de Jinotepe.

También se efectúan ventas directas en diferentes comarcas rurales cercanas a Jinotepe; el mayor impacto se alcanzó en la comunidad de Malacatoya, donde se vendieron más de 50.

Impacto económico

Económicamente, el programa ha tenido un impacto grande en la población nicaragüense, no solamente porque disminuye los costos de transporte, sino también porque estimula el desarrollo de pequeños negocios y, así, indirectamente, crea puestos de trabajo. El gobierno también se beneficia con los impuestos cobrados.

Los repuestos mandados en cada contenedor se han destinado a pequeñas ventas en Rivas, Masaya y Jinotepe. Al mismo tiempo, con cada bicicleta se entrega una botella para agua o un casco protector, según la preferencia de la persona.

Pequeños puestos de reparación han proliferado en la capital departamental y también en las aldeas. Hay pocos lugares que no dispongan de un pequeño negocio donde vender o reparar bicicletas.

El programa con P4P es autosostenible y más aún, ha permitido apoyar pequeños proyectos de reforestación, donde mujeres rurales aprenden a utilizar estufas de bajo consumo de leña.