Fernando Martirena    

La llegada por Guayaquil confunde al viajero, que piensa encontrar paisajes y vestidos andinos. En cambio encuentra un fuerte acento costeño, muy parecido al que se habla en cualquiera de las ciudades caribeñas. El alto volumen de construcción impacta, a pesar que los locales dicen “que el sector está en baja”.

El contacto local lo brinda Vicente Muñoz, exitoso empresario que abrazó la tecnología TMC desde sus comienzos, y hoy día puede considerarse “el padre” de la TMC en Ecuador. Su empresa de arquitectura construye casas de alto estándar, en muchos casos lujosas, todas techadas con caprichosas formas en TMC. En barrios como “Ceibos Nuevo” se puede contrastar de verdad a la TMC con las soluciones alternativas disponibles en el mercado, y sus ventajas relucen a la vista.

En breve partimos hacia Riobamba por la vía que serpentea los Andes, entre las recientes huellas de desprendimientos de taludes y la pertinaz niebla que hace difícil y lenta la travesía. Pasamos las plantaciones de banano, cacao, luego las exóticas palmas africanas. Los perfumes del continente y sus variedades de plantas impresionan al isleño, acostumbrado a las limitadas variedades de la flora isleña.

A veces, entre alguna nube, asoma la cumbre de alguna de las majestuosas montañas que hacen la llamada cordillera de los Andes. No es posible imaginar como la población local puede cultivar maíz en laderas de montañas con pendientes superiores a los 45 grados. Las montañas se ven todas cultivadas, cual cabeza bien peinada.

La llegada a Riobamba se hace unas cuatro horas después de salir de la calurosa Guayaquil. En contraste, una intermitente lluvia nos recibe, con temperaturas cercanas a los 15 grados. Inmediatamente el viajero se reconoce en los Andes y no es de extrañar: el mayor porcentaje de población indígena se asienta en las laderas del Chimborazo. El colorido de sus trajes y costumbres, sus rostros que parecen tallados en madera, su proverbial educación, hacen de este lugar algo especial.

Aquí en Riobamba las posibilidades de trabajo son amplias. La marca “Techo Fácil”, con un enérgico trabajo de mercadeo, demuestra que las tejas no son sólo soluciones emergentes, sino que compiten con ventaja en el mercado local. Se ha organizado un interesante sistema de mercadeo del producto, en vinculación con distribuidores locales que se ocupan de la venta al por menor de su producto. Los resultados no son de esperar: decenas de techos en TMC, a veces en cemento, a veces en “tomate” -como llaman al rojo acá-, otras en verde; los techos de TMC ganan espacio en la ciudad.

Los majestuosos volcanes que rodean la ciudad proveen la ceniza volcánica, que a pesar de ser frecuente molestia para sus habitantes, es la bendecida ayuda que tanto necesita el indígena. Fertiliza sus tierras para la siembra del maíz, y –sobre todo- provee de gratis la mejor puzolana que alguien puede pedir. Los de “Techo Fácil” no pierden terreno y organizan la producción de cemento CP-40 en un taller digno de ser considerado el mejor de toda Latinoamérica por su pulcritud, calidad, eficiencia. Los bloques producidos con el CP-40 son ampliamente vendidos en la comarca, donde pocos saben que más del 40% del cemento Pórtland ha sido sustituido por este aglomerante alternativo.

En un paisaje que parece sacado de una postal turística de los Alpes Suizos, encontramos el pueblito de “Chambo”, donde se produce prácticamente todo el ladrillo cocido que se usa en el centro de Ecuador. No importa que sea fiesta, ni sábado; las mujeres –principales productoras de ladrillos- gritan a sus vacas para que muevan la mezcla de arcilla y aserrín con la que moldean el ladrillo. A lo lejos se ven las columnas de homo y vapor de agua de algunos de los más de 150 hornos de ladrillos que funcionan en la comarca. El ladrillo es la principal fuente de trabajo de esta comarca, donde la tradición de ladrillero se trasmite de generación en generación.

Durante el fin de semana se organiza una visita a las comunidades de las faldas del Chimborazo, donde se llevan con éxito programas de crianza de “Cuyes”, vocablo con que se conoce a este “animal sagrado” de la cultura indígena. EcoSur organiza a las mujeres –principales productoras de Cuyes- para que su gestión sea más productiva. Se establece un interesante sistema de crédito para incentivar la cría del animal. “Cuy paga Cuy” es la divisa que esgrimen los indígenas para poder comprender las ventajas del sistema. Por esta vía se ha podido mejorar de forma significativa las condiciones de vida de muchas comunidades indígenas, donde el Cuy es fuente de proteínas y de recursos.

No faltan los contactos oficiales. Organizado por la Red ECOsur, se hace una presentación de los principales resultados ante el Colegio de Ingenieros del Chimborazo, en una audición con más de 50 profesionales. Los ingenieros escuchan, algunos con incredulidad, otros con mucho interés, los relatos sobre cómo se puede organizar la producción de ecomateriales con tecnologías apropiadas. La charla es complementada con una visita al taller de “Techo Fácil”, donde las principales dudas son evacuadas de forma práctica.

También se realizan contactos de trabajo con las autoridades de la Escuela Superior Politécnica del Chimborazo, ESPOCH, para explorar posibilidades de cooperación en el futuro. El vínculo de las universidades es esencial en la diseminación de las eco-tecnologías en el Ecuador, y así lo reconocen las autoridades de la ESPOCH.

Municipalidades y autoridades gubernamentales se interesan por el trabajo de ECOsur; entre ellos el alcalde de la municipalidad de Guamote y el Vice-Ministro de Viviendas de Ecuador. En informal charla se presentan los principales resultados de la red ECOsur en Ecuador y varios países Latinoamericanos. El encuentro deriva en acciones concretas en esta municipalidad, en específico en la producción de ecomateriales.

Los días finales de la estancia transcurren en Quito, entre los contactos con universidades locales, y la participación del visitante en el encuentro seminario “5000 Años de Arquitectura Andina Equinoccio Marzo 2003”, donde comparte la tribuna de orador con personalidades de la arquitectura Latinoamericana, entre ellas el arquitecto Venezolano Fruto Vivas.

La visita ha resultado productiva. Surgen muchas propuestas de acciones o proyectos para establecer sinergias entre el trabajo de CIDEM y la red ECOsur en Ecuador. Una de ellas, unir la experiencia en la producción de ladrillos en “Chambo” y el trabajo que se hace en CIDEM en la investigación de ladrillos de arcilla eficientes se perfila como un atractivo proyecto para el futuro inmediato. Unir la teoría y la práctica permitirá cimentar de forma sólida la vieja tradición de productores de ladrillos, aprovechando las ventajas del desarrollo científico moderno. Mantener la tradición y preservar el medio ambiente están entre los principales objetivos de este proyecto que aun no tiene donante.

Fernando Martirena es un experto clave de EcoSur y vicedirector del CIDEM de Santa Clara en Cuba. Tiene un post doctorado con la beca Humboldt en la universidad de Kassel en Alemania